Como se adelanta en el titular del presente post este texto pertenece a la editorial de febrero de la revista de massNEWS, no por ello es menos importante, sino todo lo contrario, y por esta razón y la interesante reflexión que contiene se ha decidido compartirlo en este espacio para todos vosotros.
[divider]
Hace unos días leí un artículo de <strong>Manuel Vicent</strong>, que me hizo reflexionar y que me ha servido de base para la editorial que ahora presento. Lo traslado literalmente:
<p style="text-align: justify;"><em>“El mar sólo es un conjunto de olas sucesivas, igual que la vida se compone de días y horas, que fluyen una detrás de otra. Parece una división muy sencilla, pero esta operación, incorporada a la mente, ha salvado del naufragio a innumerables marineros y ha ayudado a superar en tierra muchas tragedias humanas.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em><!--more-->Recuerdo haberlo leído, tal vez, en alguna novela de Conrad. En medio de un gran temporal, el navegante piensa que el mar encrespado forma un todo absoluto, el ánimo sobrecogido por la grandeza de la adversidad entregará muy pronto sus fuerzas al abismo; en cambio, si olvida que el mar es un monstruo insondable y concentra su pensamiento en la ola concentrada que se acerca y dedica todo el esfuerzo a esquivar su zarpazo y realiza sobre él una victoria singular, llegará el momento en que el mar se calme y el barco volverá a navegar de modo placentero. Como las olas del mar, los días y las horas baten nuestro espíritu llevando en su seno un dolor o un placer determinado que siempre acaba por pasar de largo.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Cuando éramos niños desnudos en la playa no teníamos conciencia del mar abstracto sino del oleaje que invadía la arena y contra él se establecía el desafío. Cada ola era un combate. Había olas muy tendidas que apenas mojaban nuestros pies y otras más alzas que hacían flotar nuestro cuerpo; algunas llegaban a inundarnos por completo con cierto amor apacible, pero, de pronto, a media distancia de nuestro pequeño horizonte marino aparecía una gran ola muy cóncava adornada con una furiosa cresta de espuma que era recibida con gritos sumamente excitados. Los niños nos preparábamos para afrontarla: los más audaces preferían atravesarla clavándose en ella de cabeza, otros conseguían coronarla acomodando el ritmo corporal a su embestida y quienes no veían en ella una lucha concreta sino un peligro insalvable quedaban abatidos y arrollados. Con cuanto placer dormía uno esa noche con los labios salados y el cuerpo cansado, abrasado por el sol pero no vencido.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>La práctica de aquellos baños inocentes en la orilla del mar es la mejor filosofía para sobrevivir a las adversidades. El infinito no existe, el abismo sólo es un concepto. Las pequeñas tragedias de cada día se componen de olas que baten el costado de nuestro navío. La única sabiduría consiste en dividir la vida en días y horas para extraer de cada una de ellas una victoria concreta sobre el dolor y una culminación del placer que te regale. </em></p>
<p style="text-align: justify;">[blockquote cite=""]Una sola ola es la que te hace naufragar. De esa hay que salvarse.” [/blockquote]</p>
<p style="text-align: justify;">Pues bien, no he querido hacer ningún comentario previo a la lectura de este artículo a fin de que cada lector pudiera asimilarlo sin “contaminación”, pero ahora no me resisto como es evidente, a enfatizar el paralelismo que este ejemplo supone en nuestra vida diaria, tanto a nivel personal como profesional. ¿Hay alguien que no se sienta identificado con cualquiera de las formas de afrontar la llegada de las olas? Lo que está claro es que no todos lo hacemos de la misma manera, es más, ni siquiera las afrontamos siempre igual. En realidad depende de cómo valoramos su altura, fuerza, etc., y nuestras propias ganas de situarnos frente al embate, pero desde luego de lo que no cabe duda es que actualmente las olas no nos permiten mecernos, en realidad no queda otra opción que hacerlo con la valentía arriba comentada.</p>
<p style="text-align: justify;">El mar turbulento de problemas que nos toca resolver cada día no difiera en nada del ejemplo y por tanto las soluciones no deben ser diferentes, a pesar de la aparente sencillez del mismo. Este mar encrespado, con todas las tormentas acosándonos (económicas, financieras, políticas, de valores…) tienen fin, aunque no lo veamos. Tenemos que asumir que todo se acaba, hasta lo malo, pero lo que ocurre es que no vemos la salida, imposible desde luego en semejantes condiciones.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Conocemos alguna tormenta que no haya amainado, crisis sin fin, o guerra que no haya terminado? Siempre quedan víctimas, esfuerzos sin retorno, pero nosotros podemos elegir nuestra especial manera de afrontar nuestros problemas.</p>
<p style="text-align: justify;">En nuestro caso <strong>masscomm</strong>, lo tenemos muy claro. No vamos a quitar hierro al asunto, ni banalizar la gravedad de la crisis, pero nuestro propósito de cada día y toda nuestra energía la ponemos en línea de superar cada ola en cada momento, firmemente convencidos que llegaremos a esa calma chicha fortalecidos y sabiendo que además habremos ayudado con nuestro ejemplo en este trance a muchos “nadadores” que necesitaban una referencia con la que guiarse.</p>
<p style="text-align: justify;">En nombre de esta empresa y en el mío propio, os deseamos a todos los componentes de nuestra red comercial en este año que despierta, una singladura con timón firme y buenas cartas de navegación para llegar al puerto deseado.</p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #ff6600;"><strong>#actitudON</strong></span></p>
 
<p style="text-align: right;">Jesús Ángel Munilla</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Director Financiero de Masscomm Innova</strong></p>