<p style="text-align: justify;">A pesar de que las ‘grandes ferias’ también sufren las consecuencias de la crisis, eso no significa que el formato de ‘eventos’ ya no funcione. Lo que sucede es que las empresas que acostumbraban a participar, ya no tienen el suficiente ‘riñón financiero’ para soportar los costes que conlleva asistir a estas grandes citas.
Ahora bien,<strong> los eventos funcionan… A escala más pequeña, pero funcionan.</strong><!--more--></p>
<p style="text-align: justify;">Actualmente,<strong> la clave está en que las empresas sean capaces de asumir la gestión de sus propios encuentros</strong>. Organizar pequeñas citas que les permitan atraer a su público y ofrecerle un programa <strong>atractivo y sugerente.</strong>
La organización de mini-eventos se consolida como una herramienta más para la venta, puesto que permite estructurar nuestro discurso en función de los perfiles de los clientes.
La <strong>combinación de oferta de productos y/o servicios, información técnica, formación y ‘diálogo’</strong>, se convierten en el argumento atractivo que permite establecer un ‘tú a tú’ directo con los invitados. Una fórmula de contacto que, bien canalizada, ayuda mucho a la hora de conseguir acuerdos.
En <strong>masscomm</strong> lo hemos comprobado. La iniciativa, denominada ‘Catas Tecnológicas’, que pusimos en marcha el año pasado, ha servido para demostrar cómo los eventos ayudan a fidelizar clientes, a abrir nuevos frentes de colaboración y a establecer sinergias, incluso entre empresas –a priori- competidoras.
Sin duda, <strong>el factor diferencial de los pequeños eventos reside en su permeabilidad al contacto personalizado.</strong> Un aspecto fundamental para toda labor comercial, y que se ve favorecida por la capacidad que tienen estos encuentros para segmentar y determinar la asistencia.
Pero, además, <strong>una de las ventajas de este tipo de acciones es su coste</strong>. Porque no se trata de tirar la casa por la ventana, ni mucho menos. Sólo hace falta tener ‘algo que contar’ y vestirlo, de tal forma que resulte atractivo para el público… Sin excesos.
<strong>Los formatos de presentación deben ser ‘dinámicos’</strong>, estableciendo una programación estricta de tiempos y una construcción del discurso asequible para los asistentes, dejándoles espacio para que se incorporen a la conversación y tengan la opción de consultar y opinar.
Cada vez más, <strong>en los eventos prima el ‘factor tiempo’</strong>. Un aspecto a tener muy en cuenta, dado que el público es muy celoso de su agenda. De ahí, que los organizadores deben planificarlos en función de las disponibilidades de los asistentes, siendo flexibles a la hora de estructurar las citas.
Finalmente, todo evento que se precie <strong>debe generar ‘atracción’</strong>. Hay que intentar <strong>‘salirse de la norma’</strong>, proponiendo algo más, incorporando un aderezo que lo singularice y que potencie el interés entre los asistentes…
Y es aquí, donde los organizadores deben poner<strong> un punto de creatividad que sorprenda</strong>. Deben tratar de encontrar esa fórmula disruptiva que insufle un poco de aire fresco a la cita, convirtiéndola en memorable para quienes la disfrutan. Catas de vino, risoterapia, degustaciones, monólogos… No hay límite, sólo imaginación.
En definitiva, los eventos son una herramienta asequible para aquellas empresas que quieran ahondar en las estrategias de promoción, de fidelización y, por supuesto, de venta.
Porque, aunque alguno lo dude, <strong>en los eventos sí se vende.</strong></p>